| Tras un largo verano 2010 en su fabuloso yate, que hizo una última, por ahora, travesia a las islas Eolias, Carolina de Mónaco ha regresado al Principado para disfrutar en su selecto Beach Club de los últimos días de sol antes de reincorporarse a sus obligaciones oficiales y preparar el inminente regreso al colegio de Alexandra, la menor de sus cuatro hijos, que se ha convertido en su inseparable compañera de aventuras en mar y en tierra firme, desde su separación de Ernesto.
Madre e hija, más unidas cada día, compartieron las inolvidables jornadas de navegación por las islas Eolias, tan de moda entre los viajeros más sofisticados y de las que Carolina es una asidua durante los últimos años.
Allí en el mar Tirreno, al noreste de Sicilia, disfrutaron las dos princesas, de Mónaco y de Hannover, de la salvaje belleza de los conos volcánicos activos en aquellas siete pequeñas islas de encanto primitivo, pobladas tan sólo por pescadores y aisladas de la civilización circundante.
Aunque por su cercanía con las islas griegas se especuló con la posibilidad de que Carolina asistiese en Spetses a la boda de Nicolás de Grecia y Tatiana Blatnik, que se celebró esos mismos días. Pero, lejos de poner rumbo a Atenas con el Pacha III, ella decidió retornar a Mónaco y poner fin allí a unas vacaciones inolvidables, las segundas como mujer separada, pues fue a comienzos del verano de 2009 cuando se hizo pública su ruptura con Ernesto de Hannover.
A sus 53 años Carolina sigue luciendo una envidiable figura, que la Princesa tiene que agradecer tanto a una genética privilegiada como a los innumerables deportes marinos, que ha practicado durante sus dos meses de vacaciones por el Mediterráneo.
Siempre con su hija, a la que no se ha vuelto a ver en público con Ernesto de Hannover después de la separación de sus padres, Carolina poseedora de una belleza tan natural como cuidada fue a comprar algunos cosméticos de una prestigiosa firma suiza, para cuidar su piel con las cremas regeneradoras apropiadas, tras una larga temporada en el mar.
De vuelta a casa
A continuación, madre e hija se dirigieron al Beach de Montecarlo en el descapotable que conducía la propia Carolina.
Tan elegante vestida de etiqueta como en traje de baño, la mayor de los Grimaldi dejó buena muestra de su estilo al borde de la piscina del club monegasco, donde Carolina fue la más bella mujer de rojo del día.
La Princesa, que está reinstalada en Mónaco desde su separación, tras residir durante su década de casada en Fontainebleau, cerca de París, prepara ahora el regreso al colegio de Alexandra, que se adaptó muy bien el curso pasado a su nuevo centro escolar y a sus compañeros del Principado, entre los que ha hecho algunos buenos amigos.
En su día a día cotidiano al que ahora se incorporan, tal vez madre e hija encuentren algún hueco para una escapada a su residencia de Saint-Rémy-de-Provence, que aún no han visitado en su periplo veraniego y es otro clásico en las vacaciones de la princesa Carolina. n
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